MANUEL DA CONCEIÇÂO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MANUEL DA CONCEIÇÂO

 

Valle Pindaré - Mirim,

Estado de Maranhâo,

a Manuel da Conceiçâo

lo tirotearon allí.

Queda al norte del Brasil

esta región campesina

y fue por magra comida

que los rurales se alzaron,

por el arroz mal pagado

y por su tierra invadida.

 

Qué no habrás vos arado,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no habrás vos sembrado,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no habrás recogido

en tiempo de cosecha

y no fuera de tiempo,

Manuel da Conceiçâo.
.

A tres jornadas de herido

lo arrastraron a San Luiz

con un grillo en la nariz

y con un pie engangrenado.

Allí en San Luiz lo amputaron,

lo apartaron de sus bases.

Allí echó a andar esta frase

su vida comprometida:

“Mi pierna no está perdida

porque mi pierna es mi clase!”

 

Qué no habrás entendido,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no habrás aprendido,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no habrás esparcido

dentro del mejor viento

y no fuera del viento,

Manuel da Conceiçâo.

 

Prisionero de los ricos

que lo tildan de “ladrón”,

desde su celda enrostró

al cerdo terrateniente:

“Quien dice que robo, miente!

y ese mentir es su robo.

Entre los hombres son lobos

estas fieras indecentes.

Sólo explotan a mi gente

para dormir sueños de oro!”

 

Qué no habrás entrevisto,

Manuel da Conceiçâo

Qué no habrás olfateado,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no habrás instigado

en el alba más pura

y no fuera del alba,

Manuel da Conceiçâo.

 

Libre ya del puerco yugo

y formidable en su fuerza

regresó Manuel Conciencia

a combatir con los suyos.

Y en el pasado año oscuro

cayó otra vez apresado,

en una jaula encerrado

y sometido a torturas.

Con las cadenas más duras

a Manuel lo han esposado.

 

Qué no te han escarbado,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no te han triturado,

Manuel da Conceiçâo.

Qué no te han traspasado

creyendo que mataban

a lo que nunca muere,

Manuel da Conceiçâo.

 

Que tu vida nos sirva,

que tu lucha me sirva

de manual de conciencia,

Manuel da Conceçiâo!

 

Santiago de Chile / diciembre 1972

 

 

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